Universo 25

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Viajemos al pasado. 1968. Estados Unidos, más concretamente Maryland. Esta historia comienza con John B. Calhoun, etólogo de profesión. La etología es la rama de la biología que estudia el comportamiento de los animales en sus hábitats naturales.

Este hombre se especializó en conducta social de los animales pero, según mi punto de vista, estaba totalmente loco y estaba obsesionado con los experimentos con ratones. Estos mamíferos están muy menospreciados en el mundo científico y acostumbran a ser sacrificados en nombre de la ciencia por el ser humano. Pero los ratones son extremadamente inteligentes y, por ello, es un animal habitualmente utilizado en experimentos de inteligencia (imaginaos el típico ratón encerrado en un laberinto y que tiene que encontrar la salida).

Calhoun llevaba tiempo experimentando con ellos, por ejemplo, cogía una camada y la metía en otro grupo para ver como actuaban y él iba apuntando, hasta que decidió pasar al próximo nivel. Entonces, en el sótano de la universidad de Maryland, donde él trabajaba, creó una especie de hábitat artificial donde metió a cuatro ratones macho y a cuatro hembra. Este hábitat tenía unas condiciones maravillosas para sobrevivir y prosperar: tenía comida ilimitada, buena temperatura, sitios para socializar… En resumen, era el paraíso. El nombre del experimento se debe simplemente a que Calhoun intentó el experimento 24 veces anteriormente sin éxito.

Dibujo conceptual del hábitat

Comenzado el experimento todo iba bien, la población iba aumentando de manera exponencial y a gran velocidad, en un principio todo era fantástico. La población llegó a un ápice de 620 ejemplares en poco más de un año de experimento, incluso el doctor pensó que podía llegar a más, haciendo cálculo de miles de ejemplares. Pero al llegar a esta cifra, el paraíso se convirtió en el infierno.

Llegados a este punto, con esta cifra de habitantes, el espacio se redujo drásticamente, los ratones empezaron a comportarse de manera extraña, empezaron las disputas territoriales entre ellos por la falta de espacio. Se formaban grupos que atacaban a otros grupos como bandas de barrio o tribus de antaño, las hembras comenzaron a aislarse en las zonas altas del hábitat mientras los machos se quedaban en la superfície resguardando los sitios donde se proporcionaba la comida, que era totalmente abundante, pero los científicos no podían reponer la comida y obligar a ningún ratón a comer, eso era tema de autogestión del mamífero.

Estos comportamientos llevaron a que la natalidad se estabilizara, formando una etapa de meseta, es decir, nacían tantos ejemplares de ratón como morían. Pero la cosa empeoró mucho y rápidamente. Un mes después aproximadamente todo se tornó caótico: la agresividad de los ratones subió como la espuma sin un motivo aparente, se cree que por la superpoblación. Los comportamientos agresivos se multiplicaron y ahora los ratones se atacaban hasta matarse, ratones que hasta hace poco se comportaban totalmente normal. Llegó a tal punto que apareció el infanticidio, es decir, las madres mataban a sus crías y se las comían, canibalismo entre ratones, se comían entre sí, incesto, se reproducían entre familiares, provocando nacimientos con problemas genéticos…

Habían auténticas batallas campales donde podían morir perfectamente 20 o 30 ratones, hubo una época de sexo desenfrenado seguida de otra de sequía absoluta y solo un grupo de ratones llamado «los guapos» se aisló del caos. Estos ratones lo único que hacían durante el día era asearse, comer y dormir, no tenían relaciones ni atacaban a nadie, esto se cree que se debe a que estos ratones eran productos del incesto y tenían deficiencias mentales que les impedían tener estos instintos naturales. Se acabó la etapa de meseta, la natalidad cogió una curva cuesta abajo, se iban muriendo hasta que en el año 1970 nació el último ratón, que aguantó con vida hasta el año 1972. Murió el último ratón y se acabó el experimento.

Este es, en mi opinión, un experimento súper interesante que fue muy famoso en su momento y que representa el problema de la sobrepoblación de una especie en una caja gigante. Yo pienso que de este experimento se puede extrapolar al ser humano un 15% o 20%, porque seamos sinceros, son ratones. Sí, son mamíferos como nosotros, sí, son inteligentes y por eso se usan en experimentos sociales, pero son ratones, no tienen ni una ínfima parte de inteligencia de la que tenemos los seres humanos.

Los humanos tenemos el cerebro super desarrollado, un nivel de lenguaje brutal, capacidad de raciocinio único en el planeta que nos permite parar y reflexionar en lo que estamos haciendo mal para cambiar las cosas. Los ratones se mueven por instintos, lo único que hacen es satisfacer sus necesidades básicas y mantenerse con vida. He dicho que se puede extrapolar un 15% o 20% porque en el fondo, los seres humanos también somos animales, animales inteligentes y con dotes de razonamiento, pero animales, tenemos los instintos básicos como cualquier animal, y si esa situación se repitiera entre nosotros, actuaríamos exactamente igual.

En definitiva, la superpoblación es un problema que aún no ha llegado, pero que está muy cerca de convertirse en actualidad, lo malo es que no se sabe qué se puede hacer para contrarrestarla, si dejamos de tener descendencia envejecemos a la población y reducimos la juventud de la próxima generación. Pero en cambio, si continuamos teniendo descendentes sin parar aceleramos este mismo problema. En resumen, yo no tengo la respuesta y es un tema que hay que tratar de alguna manera u otra, per el dilema está servido.

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